Finalista Premio Iberoamericano Verbum de Novela 2019
Jesús María de Val
Donde los sueños no tienen que ser perfectos para ser reales, ni estar cerca del cielo para alcanzar las estrellas

Corazones de madera es una historia sobre amistad, superación y sentimientos, que conmoverá al lector de cualquier edad. Obra finalista del Premio Iberoamericano Verbum de Novela 2019.
Fragmentos de Corazones de madera
«La melodía sonaba a tristeza. Como todo en aquella sala de cortinas echadas. Una marioneta bailaba atrapando con sus manitas ese dolor que, al pasar por su cuerpo y volver a girar, la muñequita devolvía a la habitación agrandado en tristeza. Algo hacía de su fragilidad que en cada arabesco mostraba la impresión de ir a romperse. Como si esa cinturita y esos bracitos ya no soportasen el peso de tanta emoción y la forzase a elevarse sobre las puntas y dar vueltas, para que así, con mucha pirouette y mucha fouetté, pudiera la marioneta desprenderla toda. Pero tanto le pesaba ese dolor que al final se quedó suspensa en un imposible arabesque antes de dejarse vencer y caer junto al marco de una fotografía. Y así acabó la danza, tendida sobre el tablero, con una pierna cruzada sobre la otra y los brazos extendidos hacia el retrato de su dueño». (Corazones de madera)
«El taller no parecía por fuera tanto como lo fue por dentro. El exterior se veía destartalado y las puertas se caían a trozos. Raro para un establecimiento en el que la madera lo era todo. El interior sin embargo era otra cosa. Llegaba ese olor que solo las antigüedades impregnan al mezclarse con la madera nueva. Una sinfonía de aromas con notas de pino, abedul y roble. Pero sobre todo forzaba la imaginación a volar entre el degradado de tonos, tal si de un bosque vivo se tratase. Un portal de fantasía en el que los troncos de los árboles hubiesen susurrado al oído del artesano lo que deseaban ser. Había en esa profundidad castaños y cobrizos que resplandecían en los rostros de juguetes a medio terminar. Eran los últimos rayos de sol, que se colaban por la vidriera para otorgar otra paz a los muñecos ya terminados, quienes miraban hacia la puerta creando una mágica sensación de bienvenida».(Corazones de madera)
«¿Perfecto? Perfecta era Monique. Y también sus manos. Como perfectas eran las piezas de Mecano. Pero la avioneta era otra cosa, que no necesitaba de los últimos adelantos para que a Lam se le empañasen las gafas, como si eso fuera posible en un muñeco de madera. Y no era por tanto perfecta, pero sí completa. Porque así se sentía Lam subido a ella. Y porque sabía que los sueños no tienen que ser perfectos para ser reales, ni tampoco estar cerca de las estrellas para alcanzar el cielo».(Corazones de madera)
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